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Prometeo, uno de los titanes más astutos de la mitología griega, cuyo nombre significa literalmente «el que piensa antes». Su historia es el relato clásico de la rebeldía por amor a la humanidad y el nacimiento del progreso humano.
Según la mitología, Prometeo y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de poblar la Tierra con criaturas y otorgarles dones para sobrevivir. Epimeteo gastó rápidamente todas las virtudes en los animales, (garras, velocidad, pelaje, colmillos). dejando al ser humano indefenso, desnudo y desarmado.
Al ver la debilidad de los hombres, Prometeo decidió ayudarlos. Primero, engañó a Zeus en un banquete sagrado: dividió un buey en dos partes y le pidió al rey del Olimpo que eligiera qué parte querían los dioses como ofrenda permanente.
Prometeo disimuló el engaño dividiendo el buey sacrificado en dos partes claramente diferenciadas, usando la astucia para apelar a la codicia y al orgullo de Zeus. El truco consistió en hacer que lo malo pareciera apetitoso y lo bueno pareciera inservible:
La primera pila: Prometeo juntó la carne, las vísceras y los trozos más jugosos del buey, pero los escondió por completo dentro del estómago del animal (una de las partes más desagradables e incorruptibles a la vista). Así, la comida real parecía un montón de despojos poco atractivos.
La segunda pila: Tomó los huesos mondos y pelados del buey, los apiló artísticamente y los cubrió por completo con una capa gruesa de grasa blanca y reluciente. A simple vista, parecía una porción enorme y suculenta de la mejor grasa del animal.
Una vez preparadas las dos opciones, Prometeo le ofreció a Zeus que eligiera la parte que prefiriera para los dioses, dejando la otra para los mortales.
Zeus, dejándose llevar por la magnífica apariencia de la grasa brillante, eligió la segunda pila.
Furioso al descubrir el engaño, Zeus castigó a los mortales quitándoles el fuego, condenándolos a vivir en la oscuridad y a comer carne cruda.
Prometeo no toleró el sufrimiento humano. Decidió subir en secreto al monte Olimpo y acercó una caña de hinojo seco al carro del sol de Helios para encenderla.
Con esa brasa oculta, bajó a la Tierra y entregó el fuego sagrado a la humanidad. El fuego no solo les dio calor y luz en la noche; representaba la tecnología, la metalurgia, las artes, la ciencia y la capacidad de progresar y dominar su propio destino.
Cuando Zeus miró hacia la Tierra y vio los fuegos brillando en las aldeas humanas, su ira fue monumental. Preparó un castigo eterno para el titán y una trampa para la humanidad.
Para la humanidad: Creó a la primera mujer, Pandora, y la envió a la Tierra con una caja llena de todos los males del mundo (enfermedades, dolor, vejez), la cual terminó abriéndose y cambiando el destino de los hombres para siempre.
Para Prometeo: Zeus ordenó a Hefesto que encadenara al titán a una roca en las desoladas montañas del Cáucaso. Cada día, un águila gigante (enviada por Zeus) acudía a devorarle el hígado. Como Prometeo era inmortal, su hígado se regeneraba por completo cada noche, haciendo que el tormento empezara de nuevo al amanecer, en un ciclo de dolor infinito.
El castigo de Prometeo duró siglos, hasta que el héroe Hércules (Heracles), durante uno de sus viajes, mató al águila con una flecha y rompió las cadenas del titán, liberándolo finalmente con el consentimiento de Zeus, quien decidió perdonarlo a cambio de una profecía que solo el previsor titán conocía.
Hoy en día el fuego de Prometeo, sigue siendo el mayor símbolo universal de la búsqueda del conocimiento, la rebelión contra la opresión y el nacimiento de la civilización.
