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Faro punta de Cee (Corcubión - A Coruña) en 4k (With DJI Mavic Air) Madonna - Frozen (Sick

El aire de la ría de Corcubión soplaba con esa calma tensa típica del atardecer. En la orilla, junto al pequeño y robusto faro de Cee, yo sostenía el mando del dron, que despegó con un zumbido limpio, elevándose sobre el tejado de tejas anaranjadas del faro. 

A cincuenta metros de altura, la cámara captaba el contraste perfecto entre la piedra blanca de la torre y el verde de los acantilados que se hunden en el Atlántico. Mientras el dron trazaba una órbita perfecta alrededor de la linterna, la luz dorada del sol poniente golpeó la lente, creando un destello que pareció encender el faro antes de tiempo. 

Pero no fue el sol lo único que llamó mi atención en la pantalla. Al inclinar la cámara hacia el agua cristalina que rompe contra las rocas del cabo, bajo la superficie, las corrientes parecían dibujar formas extrañas, como hilos de plata que se entrelazaban alrededor de la base del faro. 

Fue ahí cuando recordé la vieja historia que los marineros de la ría llevan contando durante siglos. 

Dicen en Cee que este faro no se construyó solo para los vivos. Mucho antes de que se levantara la estructura de piedra, los pescadores usaban hogueras en este mismo cabo para guiarse en las noches de temporal. Sin embargo, las noches de niebla cerrada eran traicioneras, y los barcos encallaban contra los bajos ocultos. 

La leyenda cuenta que una joven de la villa, cuyo prometido se había perdido en el mar durante una tempestad, bajaba cada noche al cabo con un candil. Rezaba a las sirenas y a los espíritus del mar, ofreciendo su propia voz a cambio de que guiaran el barco de su amado de vuelta a la ría. Una noche de invierno, la niebla se la tragó a ella también, y solo quedó su candil encendido sobre las rocas. 

Desde entonces, los viejos del lugar aseguran que cuando el mar está en calma, pero la noche es oscura, una luz submarina —un destello verde y plateado— emerge de las profundidades para unirse al destello del faro. Dicen que es el alma de la joven y las criaturas del océano que, compadecidas, ayudan a mantener limpia la entrada de la ría de malas corrientes y espíritus oscuros. 

En la pantalla del mando, mientras el dron completaba su última toma cenital, el reflejo del agua y la última luz del día crearon una ilusión óptica fascinante: por un segundo, pareció que el faro proyectaba su luz tanto hacia el cielo como hacia el fondo del mar. 

Traje el dron de vuelta. Al guardar el equipo y mirar de reojo la pequeña torre blanca, ya completamente iluminada contra el crepúsculo, supe que lo que había grabado no era solo un paisaje costero. Había capturado el punto exacto donde la tecnología del aire se cruza con los mitos más antiguos del mar de Galicia. 

Mi Cee
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