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Cudillero-30-7-2025.png
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El día en Cudillero estaba despejado, el Cantábrico lucía un azul intenso y el sol iluminaba las características casas colgadas en la ladera del puerto. Llevaba semanas esperando estas condiciones para capturar una toma épica del emblemático Faro de Cudillero desde el aire. 
Despegué el dron desde una zona segura en el espigón. En la pantalla del mando, la imagen era simplemente espectacular: la estructura blanca del faro recortándose contra el acantilado, el batir de las olas contra las rocas, todo salía a la perfección. Hice varias pasadas, encuadres cinemáticos y tomas en órbita alrededor de la linterna del faro. 
Satisfecho con el material grabado, inicié la ruta de regreso al punto de despegue. El dron comenzó a volar de vuelta sobre las aguas; yo estaba disfrutando tanto de las vistas a través de la cámara, que pasé por alto la primera señal de advertencia: el pitido del mando avisando que la batería había bajado del 20 %. 
Cuando activé el modo de retorno a casa, sopló una racha repentina de viento en contra. El dron comenzó a luchar para avanzar hacia la costa, pero la batería se agotaba a una velocidad pasmosa: 15 %... 8 %... 3 %. 
De repente, la pantalla parpadeó en rojo con el aviso definitivo: Aterrizaje de emergencia inminente por batería crítica. 
El software tomó el control para evitar una caída libre y comenzó a descender verticalmente. El problema era que todavía estaba sobre el agua, a unos cincuenta metros de la orilla. Miré al cielo e intenté mover el joystick para acercarlo lo máximo posible al paseo del espigón, pero la gravedad del porcentaje en cero no perdona. 
El dron se sumergió en las frías aguas del Cantábrico, justo a los pies del espigón. 
Me quedé unos segundos en silencio, entre la pena de haber perdido el equipo y la risa tonta por la novatada. Por suerte, la tarjeta de memoria transmitía la caché de la grabación en baja resolución a la pantalla del mando de control, así que, aunque el dron acabó en el fondo del mar, me quedó el recuerdo intacto de uno de los mejores planos que he grabado jamás... y una lección de vuelo que no voy a olvidar en la vida.

Mi Cudillero
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