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El viento en Cabo Mayor nunca es del todo silencioso. Esa tarde soplaba con esa brisa salina tan característica del norte, con las olas rompiendo con fuerza contra los acantilados de Santander. 

Cuando el dron comenzó a elevarse, el mar Cantábrico dibujaba infinitas líneas de espuma contra las rocas. Cada ola parecía intentar alcanzar la torre blanca, pero el faro conocía un secreto: no estaba allí para vencer al mar, sino para acompañarlo. 

Inicié la grabación. Decidí empezar con un plano secuencia suave, acercándome desde el mar hacia el faro. Poco a poco, la silueta blanca de la torre del faro comenzó a llenar el encuadre. La luz de su linterna ya había empezado a girar, proyectando un haz dorado que cortaba la penumbra incipiente. 

Para el plano principal, decidí arriesgar un poco. Llevé el dron a una altura considerable y activé el modo de órbita alrededor de la linterna. Mientras el aparato giraba de forma fluida a 90 metros de altura, la pantalla mostraba un contraste espectacular: a un lado, las luces de Santander que empezaban a encenderse tímidamente; al otro, la oscuridad infinita del mar abierto y la majestuosidad de la torre de piedra, que lleva guiando a los marineros desde 1839. No guiaba únicamente a los barcos; también invitaba a quienes lo contemplaban a detenerse por un momento y recordar que existen lugares donde el tiempo avanza más despacio. 

Para el plano final, alejé el dron de espaldas hacia el mar, subiendo el ángulo de la cámara para captar una panorámica completa. El faro quedó en el centro de la imagen, pequeñito pero firme, como un guardián solitario, mientras el sol terminaba de esconderse bajo el horizonte. 

El mar cambió de azul profundo a plata, y el horizonte se convirtió en un lienzo infinito. Fue entonces cuando el dron inició el regreso, llevándose consigo algo más que imágenes: un instante irrepetible.  

Porque hay lugares que se visitan una vez, y otros que permanecen para siempre en la memoria. Cabo Mayor pertenece a estos últimos. Desde tierra impresiona. Desde el mar inspira. Pero visto desde el cielo… cuenta una historia que solo unos pocos tienen la suerte de descubrir. 

Mi Cabo Mayor
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