top of page
Fisterra-6-8-2025.png
Spain 4K - Cabo Fisterra - YouTube y 4 páginas más - Personal_ Microsoft​ Edge 06_08_2025

El atardecer en el Cabo Fisterra no era un atardecer cualquiera. Era el momento en que el sol se hundía en el Finis Terrae... el fin del mundo conocido.

Ahí estaba yo. En el borde del acantilado... con los dedos temblando ligeramente sobre los sticks del mando. El viento atlántico soplaba con fuerza. Ese viento gallego, cargado de salitre y leyendas, que ponía a prueba mi dron.

Lo encendí. Las hélices empezaron a girar, rompiendo el silencio.

El viento lo recibió como a un viejo amigo. Ascendió lentamente, dejando atrás las rocas oscuras y los senderos de los peregrinos. Desde las alturas, la cámara contempló el horizonte teñido de oro y cobre, mientras las olas golpeaban con fuerza ancestral los acantilados.

A cada metro, una nueva historia. Vi gaviotas desafiando las corrientes... barcos diminutos dibujando estelas sobre el mar... y el faro, firme, vigilando el océano como lo ha hecho durante generaciones.

El dron giró lentamente alrededor de la torre blanca. No solo capturaba imágenes... capturaba la esencia de un lugar legendario. Comprendí que, aquí, donde la historia decía que terminaba el mundo... los finales son, en realidad, el comienzo de una nueva mirada.

La cámara apuntaba hacia abajo, hacia la silueta imponente del Faro de Fisterra. Esa torre octogonal de granito blanco que, desde 1853, guía a los marineros en la temible Costa da Morte. Al principio, busqué un plano cerrado: el destello de la linterna empezando a encenderse... como un faro de esperanza en la penumbra.

Decidí arriesgarme. Moví el dial de la cámara y empujé el dron hacia el vasto océano.

Hice un plano secuencia espectacular. El dron se alejó flotando sobre el acantilado, donde las olas rompían con furia blanca contra las rocas negras. De repente... el cielo se encendió. El sol tocó el horizonte y tiñó las nubes de un color naranja fuego y violeta profundo.

Gané altura... capturando el contraste entre la luz dorada del sol poniente y el haz frío y artificial que el faro ya proyectaba hacia el mar. Era la danza perfecta entre la tecnología y la naturaleza indomable de Galicia.

Con la batería parpadeando en rojo... y el corazón acelerado por la adrenalina... traje el dron de vuelta.

Al apagar los motores y mirar la pantalla, lo supe. Había atrapado algo mágico. No solo había grabado un vídeo... había filmado el último suspiro del día en el borde del mundo.

Mi Fisterra
00:00 / 04:04
bottom of page