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Cabo Mondego - Figueira da Foz - YouTube y 1 página más - Personal_ Microsoft​ Edge 15_08_

Aquella mañana, el cielo parecía pintado a mano. El mar rompía con fuerza contra los acantilados de Cabo Mondego, mientras mi dron se elevaba lentamente, dejando atrás el sonido de las olas para descubrir un paisaje que pocos pueden contemplar desde el aire. 
Desde lo alto apareció el viejo faro, firme e imponente, como si hubiera permanecido inmóvil durante siglos esperando aquel momento. Mientras la cámara giraba a su alrededor, ocurrió algo extraño: por un instante, el tiempo pareció detenerse. 
Dicen que cada faro guarda una historia, pero el de Cabo Mondego escondía un secreto. 
Una antigua leyenda contaba que en las noches de tormenta, un viejo farero seguía recorriendo el lugar para proteger a los navegantes. No era un fantasma temible, sino un guardián del viento, cuyo deber nunca terminó. Nadie lo veía... hasta que un ojo capaz de volar sobre el mar logró captarlo. 
Mi dron siguió ascendiendo y el horizonte se abrió como un inmenso lienzo azul. Entonces, una sombra cruzó silenciosamente junto al faro. No tenía forma definida, pero parecía saludar antes de desvanecerse entre la bruma. 
Conforme acercaba el dron hacia la linterna del faro, casi podía sentir la historia del lugar. Construido para guiar a los marineros en una de las costas más traicioneras de la región de Figueira da Foz, el faro parecía cobrar vida en la pantalla. Hice un plano de órbita: el dron empezó a girar en un círculo perfecto alrededor de la torre. El contraste entre la estructura de hormigón, el verde de los matorrales y el azul profundo del océano era sencillamente hipnotizante. 
Para el plano final, decidí hacer un movimiento de alejamiento. Posicioné el dron muy cerca de la linterna y comencé a volar hacia atrás y hacia arriba en diagonal. El faro fue haciéndose cada vez más pequeño, revelando la inmensidad de la línea costera y los acantilados infinitos. 
Aterricé el dron con precisión y guardé el equipo en la mochila, sonriendo al mirar la tarjeta de memoria. No solo había grabado un vídeo; había capturado un instante eterno de la costa portuguesa desde la perspectiva de las aves, congelando la elegancia de Cabo Mondego. 

Mi Mondego
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