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El viento en la Costa da Morte nunca sopla en línea recta; siempre parece estar contando un secreto a gritos. Aquella tarde, el cabo de Laxe se recortaba contra un Atlántico de un azul densísimo, casi metálico. Coloqué la mochila del dron sobre la hierba batida por el salitre y miré hacia arriba. 

Frente a mí el faro de Laxe, una torre cilíndrica, sobria, pintada de blanco con una base de piedra que parecía brotar directamente de los acantilados. No es el faro más alto de la costa, pero tiene la planta de los vigías que han visto pasar demasiadas tormentas. 

Observaba el romper de las olas, donde la espuma blanca dibujaba formas caprichosas sobre la roca oscura. —Si hay un lugar donde las meigas se reúnen a mirar el mar, tiene que ser este —dije, ajustándome la chaqueta contra la brisa. 

Encendí el mando y coloqué el dron en una zona llana, resguardada por una pequeña elevación. Los motores cobraron vida con un zumbido agudo, desafiando por un instante el rugido del océano. Con un toque suave en los joysticks, el Mavic Mini se elevó en vertical, ganando altura rápidamente mientras la cámara apuntaba hacia abajo. 

En la pantalla del mando, el mundo cambió de perspectiva. La línea de la costa se convirtió en una gigantesca escultura de granito y espuma. llevé el dron hacia el mar, girando la cámara para encuadrar el faro en primer plano con el horizonte infinito de fondo. La luz del atardecer empezaba a teñir las nubes de un tono dorado y violáceo, la hora perfecta. 

Hago un plano aéreo circular. El viento racheado sacudía levemente el pequeño dron, pero los estabilizadores hacían su magia.  

Grabar en Cabo de Laxe es una auténtica pasada visual, especialmente por el contraste entre la sobriedad del faro y la tremenda carga emocional de esa estatua. Hablamos de "A Espera", la imponente escultura de bronce que representa a una madre con su hijo en brazos, escudriñando el horizonte con la mano en la frente, inmortalizando el sufrimiento y la eterna tensión de las familias de los marineros que otean el mar de la Costa da Morte esperando su regreso. 

Coloco el dron justo delante de la estatua, a la altura de sus ojos, mirando hacia ella. Luego, inicio un vuelo lento hacia atrás elevando suavemente la altura. o la figura de la madre se empequeñece frente a la inmensidad del océano al que desafía, capturando perfectamente el concepto de "la espera". 

Mi Laxe
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