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Faro de Cabo Prior - YouTube y 3 páginas más - Personal_ Microsoft​ Edge 04_08_2025 10_57_

El zumbido de las hélices del dron rompió el silencio de la tarde en la costa de Oleiros. Con los dedos firmes sobre los joysticks del mando, mientras la pantalla revelaba la inmensidad del Atlántico abriéndose ante ti. Estabas en los Faros de Mera, ese rincón mágico donde la ría de A Coruña se encuentra con el mar abierto. 

A mi lado, mi mujer contemplaba el horizonte. La brisa marina, cargada de salitre y de ese aroma a pino tan típico de la costa gallega, le alborotaba el pelo. 

—Ya casi lo tienes en posición, Santi —dijo ella, señalando hacia el cielo—. Mira la luz que está quedando. Es la hora meiga. 

Tenía razón. El sol empezaba su descenso, tiñendo las nubes de un naranja encendido y un violeta profundo que parecía sacado de una vieja leyenda celta. Era el momento perfecto para filmar. 

Eleve el dron un poco más, haciéndolo avanzar con suavidad sobre los acantilados de roca oscura. En la pantalla, el plano era espectacular: abajo, el mar batía con fuerza contenida contra las rocas; en primer plano, la silueta inconfundible de los dos faros de Mera —el mayor y el menor— recortándose contra el cielo de fuego. Trabajando juntos como dos vigías eternos, sus estructuras blancas empezaban a parpadear, enviando sus primeros destellos protectores hacia el golfo. 

—Vas a sacar una panorámica increíble de la Torre de Hércules al fondo —comentó ella, acercándose para ver el monitor del mando. 

Movi la cámara del dron con delicadeza. A lo lejos, al otro lado de la ría, la silueta de la Torre de Hércules emergía como un gigante de piedra envuelto en la bruma vespertina. El encuadre era perfecto: la tecnología del dron suspendida en el aire, uniendo en un solo plano los faros modernos de Mera y el faro romano más antiguo del mundo. 

De repente, una racha de viento racheado hizo temblar la imagen en la pantalla. El dron luchó un segundo contra la corriente, estabilizándose gracias a sus motores. 

—Tranquilo, viento, que ya casi lo tengo —murmure con una sonrisa, manteniendo el pulso firme. Como buen piloto, sabías leer el comportamiento del aire en los acantilados. 

Hice un último giro de trescientos sesenta grados, capturando el contraste entre la costa salvaje y la calma que empezaba a reinar con el crepúsculo. Abajo, el camino de tierra que lleva a los faros parecía una línea delgada que se perdía entre los matorrales. 

Cuando las baterías empezaron a avisar que era hora de regresar, inicie el descenso. El dron aterrizó suavemente sobre la superficie plana, sus hélices deteniéndose por fin. El silencio de la costa regresó de golpe, solo interrumpido por el rugido rítmico del oleaje. 

Guardaste el equipo con la satisfacción de saber que tenías un material único en la tarjeta de memoria. Esas imágenes no eran solo un video más; eran la esencia pura de la costa, fragmentos de luz y piedra listos para convertirse en una nueva historia de mar y misterio. 

Mi mujer me miró, sonriendo mientras se abrigaba con la chaqueta. 

—Ha sido perfecto. Ahora, ¿qué tal si buscamos un sitio con terraza para tomar algo y celebrar el rodaje? 

Caminaron de vuelta hacia el coche bajo las primeras estrellas de la noche, dejando atrás a los faros de Mera, que ya brillaban con fuerza en la oscuridad, guiando a los barcos y guardando los secretos del océano. 

Mi Audio Mera
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