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Islas Sisargas - Malpica de Bergantiños (A Coruña) - YouTube y 3 páginas más - Personal_ M


Las islas Sisargas custodian la entrada de la ría de Corme y Laxe, en plena Costa da Morte. Filmar este enclave con un dron ofrece una perspectiva única, suspendida entre el romper del Atlántico y el aislamiento de un islote indómito. 

El Faro de las Sisargas, ubicado en la Sisarga Grande (la mayor del archipiélago), es uno de los más antiguos y con mayor historia de esta costa tan temida por los navegantes: 

Comenzó a funcionar en 1853. Fue proyectado para balizar un tramo crítico de litoral, plagado de bajos rocosos sumergidos que causaron incontables naufragios. 

El diseño original sufrió una gran transformación a principios del siglo XX, cuando se construyó la torre actual que eleva el foco a 110 metros sobre el nivel del mar. 

Antes de su automatización total en el año 2002, las Sisargas eran consideradas uno de los destinos más duros para los "torreros". En época de temporales, los fareros y sus familias quedaban completamente aislados del continente (a poco más de un kilómetro del cabo San Adrián, en Malpica) durante semanas, desafiando vientos huracanados. 

El viento en el cabo San Adrián daba una pequeña tregua, la justa para permitir que las hélices giraran sin vacilación. Desde los acantilados de tierra firme, el dedo índice presionó la pantalla y el dron se elevó, cruzando el canal de agua que separa Malpica de su indomable archipiélago. 

A través de la lente, el océano se transformó en un lienzo de azules profundos, rasgado únicamente por la espuma blanca que golpeaba la Sisarga Chica. El dispositivo avanzó con paso firme, ganando altura hasta recortar la silueta de la Sisarga Grande contra el horizonte gallego. Allí, en el punto más alto, recortado contra el cielo, esperaba el viejo faro. 

Al aproximarse a la torre de piedra, el plano se volvió majestuoso. Las aves no tardaron en aparecer; un grupo de gaviotas se cruzó en la trayectoria del plano, curiosas ante aquel intruso silencioso que compartía su espacio aéreo. En la pantalla de control, el encuadre captó la simetría perfecta de la linterna del faro, una joya de cristal que durante más de un siglo guio las miradas angustiadas de los marineros en las noches de tempestad. 

El dron comenzó una órbita lenta y fluida alrededor de la estructura. Abajo, las ruinas de las antiguas estancias de los fareros hablaban de un tiempo de aislamiento y valentía, de noches enteras escuchando el rugido del Atlántico sin más compañía que el destello regular de la lámpara. La cámara se inclinó hacia abajo, revelando los acantilados verticales y escarpados donde el mar rompía con una fuerza hipnótica, tallando la roca centímetro a centímetro. 

Con la última luz del atardecer tiñendo los muros de granito de un tono dorado y nostálgico, el dron inició el camino de regreso. En la tarjeta de memoria quedaba atrapado el espíritu de las Sisargas: un lugar donde la tecnología humana del pasado y del presente se abrazan en mitad de la inmensidad del mar. 

Mi Audio Sisargas 3
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