top of page
Le-a-da-Palmeira-13-8-2025.png
Drone Footage Esposende, Minho, Portugal - YouTube y 4 páginas más - Personal_ Microsoft​

La tarde caía sobre Leça da Palmeira y el sol, teñido de un naranja profundo, empezaba a ocultarse en el horizonte del Atlántico. Frente a mí, majestuoso e impasible, se erigía el faro: una gigante torre de titanio y granito de 46 metros de altura, lista para encender su mirada nocturna. 
Ajusté los mandos en el control, verifiqué la batería y la señal del GPS. Todo estaba listo. Con un leve toque en la palanca de aceleración, el dron despegó verticalmente, elevándose desde la explanada rocosa de la costa. 
A diez metros, la brisa marina agitó ligeramente el dron, pero los estabilizadores hicieron su trabajo a la perfección. En la pantalla de mi mando, la imagen era hipnótica. Las olas rompían con fuerza salvaje contra los bloques de hormigón del espigón, transformándose en una espuma blanca que contrastaba violentamente con el azul oscuro del mar. 
Fui ganando altura hasta alinéarme con la linterna del faro. Desde esa perspectiva, donde solo las gaviotas suelen mirar, el Faro de Leça da Palmeira revelaba su verdadera esencia. No era solo un poste de luz, sino el guardián de una costa traicionera y hermosa a la vez. 
Comencé una órbita lenta de 360 grados alrededor de la cúpula. 
Por el norte, la cámara capturaba la línea infinita de la costa portuguesa perdiéndose hacia Matosinhos. 
Por el oeste, el faro se recortó contra el disco solar en pleno atardecer. Un contraluz épico donde la silueta del edificio parecía dibujada a tinta china. 
Por el sur, el mar abierto, con un pequeño barco pesquero regresando a puerto, dejando un rastro dorado en el agua. 
Por el este, la cúpula de vidrio de la linterna refractó los últimos rayos de luz, creando un destello que iluminó directamente la lente de la cámara. 
Desde esa perspectiva, el mundo parecía detenerse por un instante. El tiempo dejaba de importar y solo existían el mar, el viento y aquella torre que nunca dejaba de vigilar. 
Justo en ese instante, como si el destino hubiese programado el momento, el mecanismo del faro despertó. Un destello blanco deslumbrante atravesó la penumbra. El faro cobró vida en la pantalla mientras mi dron descendía lentamente. 
Dicen que cada faro guarda secretos, y aquel no era diferente. En cada destello de su luz vivían los recuerdos de barcos que encontraron el camino de regreso, de tormentas vencidas y de amaneceres que devolvieron la esperanza a quienes navegaban perdidos. 
Cuando la batería comenzó a agotarse, inicié el regreso. Descendí lentamente, como si no quisiera romper el hechizo de aquel momento. Al aterrizar, la grabación había capturado mucho más que imágenes: había guardado una historia. 

Mi Leça da Palmeira
00:00 / 04:16
bottom of page