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Farol penedo da saudade - YouTube y 1 página más - Personal_ Microsoft​ Edge 15_08_2025 10

Dicen que hay lugares donde el tiempo no avanza, sino que espera. El Faro de Penedo da Saudade es uno de ellos. 
Aquella mañana, el mar despertó en calma, como si supiera que iba a ser observado desde un ángulo que muy pocos ojos alcanzan. Preparé el dron con el mismo respeto con el que un marinero iza las velas antes de zarpar. No era un simple vuelo; era una invitación a descubrir el alma de un rincón donde la tierra se despide del océano. 
Encendí la emisora, y hice un chequeo rápido de los satélites, hélices y giroscopio calibrado. Con un leve empujón de los joysticks, las hélices cobraron vida con un zumbido agudo. 
El dron se elevó verticalmente, flotando en el aire como una libélula de tecnología. 
Mientras guiaba el dron entre las corrientes de aire, imaginé al viejo farero que durante décadas mantuvo viva aquella luz. Cada atardecer encendía el faro con la esperanza de que ningún navegante se perdiera en la oscuridad. Su nombre se olvidó con el tiempo, pero su misión permanece escrita en cada destello que aún abraza el horizonte. 
A medida que inclinaba la cámara para hacer una toma en órbita alrededor de la torre, entendí perfectamente por qué este lugar se llama Penedo da Saudade. Cuentan las viejas leyendas que en estas rocas solía sentarse D. Pedro I a llorar la pérdida de su amada Inês de Castro, mirando al horizonte infinito. 
El dron avanzó suavemente hacia el borde de las rocas. El mar rugía, levantando una fina brisa marina. Volar allí requería precisión; una racha de viento traicionera o la pérdida de señal contra el acantilado y el dron terminaría en el fondo del océano. 
Pero la toma valía cada gramo de adrenalina. En la pantalla, el plano en primera persona capturaba la luz dorada del atardecer filtrándose entre las nubes y golpeando la fachada blanca de la torre. La lente grababa cada detalle: las grietas en las rocas golpeadas por los siglos, la linterna reflectante del faro y la inmensidad del horizonte. 
Para el plano final, comencé enfocando únicamente el romper de una gran ola contra los pedregales. 
Poco a poco, ganando altitud y echando la cámara hacia arriba, la majestuosa torre de piedra fue apareciendo en el encuadre hasta dominar la escena. 
El sol se alineó justo detrás de la linterna del faro, creando un destello natural de película. 
Fue un instante mágico de sincronía entre la tecnología, el piloto y la naturaleza. 
Cuando el dron inició el regreso, el faro quedó atrás, inmóvil, vigilando el océano como lo ha hecho durante generaciones. 
Y mientras abandonaba Penedo da Saudade, el faro seguía esperando al próximo viajero dispuesto a descubrir que desde el cielo, la naturaleza también sabe contar cuentos. 

Mi Penedo da Saudade
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