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Torre de Hércules _ DJI MINI 4 PRO _ Drone video - YouTube y 3 páginas más - Personal_ Mic

El Faro de la Torre de Hércules no es un trozo de piedra más; es el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo. Volar un dron allí es casi un viaje en el tiempo: el contraste entre la tecnología moderna que manejas en tus manos y los muros que llevan en pie desde el siglo I d.C. es brutal. 

Cuando elevas el dron, lo que estás filmando en realidad es una obra del arquitecto luso Cayo Sevio Lupo, dedicada al dios de la guerra, Marte. Se construyó a finales del siglo I d.C. para guiar a los barcos que navegaban hacia las islas británicas en busca de estaño y otros minerales. 

La fachada lisa y neoclásica que ves hoy no es la romana original. Es una "coraza" de granito construida a finales del siglo XVIII (en 1788) por el ingeniero Eustaquio Giannini para proteger y restaurar la estructura interior, que sí es de origen romano. 

Si te fijas en las líneas diagonales de la fachada, estas imitan la antigua rampa exterior por la que se subía el combustible (maderas y aceites) a lomos de animales para mantener vivo el fuego. 

El viento en la costa de A Coruña siempre es un rival digno, pero esta tarde la atmósfera está en calma, suspendida en una tregua perfecta. Desde los acantilados, los dedos se mueven suaves sobre los sticks de control. Los motores del dron emiten un zumbido eléctrico, un contraste casi cómico frente al rugido sordo del Atlántico que rompe contra las rocas milenarias. 

El dron se eleva en vertical. En la pantalla del mando, el suelo se aleja y el faro de granito empieza a revelar su verdadera escala. A treinta metros de altura, la cámara se inclina hacia abajo (un plano cenital puro) capturando la rosa de los vientos grabada en el suelo, ese mosaico gigante que parece el timón de toda Galicia. 

A medida que el dron sube y se estabiliza a la altura de la linterna, el sol de la tarde empieza a teñir las piedras de un tono dorado viejo. Es fácil perderse en los detalles a través del objetivo de alta definición: cada sillar de granito, las ventanas neoclásicas y sobre todo, las líneas diagonales que envuelven la torre. En la pantalla, esas líneas parecen marcas de la edad, pero visualmente guían el ojo hacia arriba, hacia el cielo. 

Un giro suave de la aeronave hacia el oeste abre el plano. El océano Atlántico se extiende infinito, pintado de un azul acero que asusta y fascina a la vez. Es el mismo mar que veían los navegantes romanos hace dos mil años cuando buscaban desesperadamente esa misma luz. En ese momento, la perspectiva te hace dudar: ¿quién está observando a quién? El dron, un prodigio tecnológico de pocos gramos, orbita alrededor de un titán de piedra que ha visto pasar imperios, naufragios, pestes y descubrimientos sin pestañear. 

Al realizar una órbita perfecta alrededor de la cúpula, el destello del faro se enciende justo a tiempo para la toma. La luz cruza el encuadre, quemando por un milisegundo el sensor de la cámara en un destello blanco. Es el latido de la torre. 

Abajo, las olas golpean con fuerza los acantilados de punta Herminia. Cuenta la leyenda que ahí abajo, bajo toneladas de tierra y roca, descansa la cabeza del gigante Gerión, derrotado por Hércules. Al ver las imágenes en tiempo real, con la Torre recortada contra el horizonte infinito y las nubes tiñéndose de fuego, te das cuenta de que el mito no es ninguna exageración. La Torre de Hércules sigue guardando el fin del mundo, y hoy, por unos minutos, te ha dejado mirar su historia desde el cielo. 

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