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A excepción del marisqueo y el arponeado, la nasa fue probablemente el método más primitivo de pesca. Las primeras nasas se utilizaron para capturar anguilas en las zonas cercanas a las desembocaduras de los ríos, aprovechando así los cambios de mareas y los flujos de corriente para facilitar su captura.

A finales del siglo XIX, la langosta del norte de España era una de las especies más codiciadas, lo que fomentó el desarrollo de esta pesquería y la aparición de barcos franceses en nuestras costas. Los pescadores autóctonos al encontrarse con las nasas francesas se dieron cuenta de que eran más pequeñas, pero mucho más efectivas, ya que el embudo se encontraba en la parte superior. Obviamente esto supuso una evolución en este tipo de nasas autóctonas, y que actualmente se emplean para capturar centollas, buey de mar y bogavante. Una de las nasas más recientes, nacidas en este siglo, es la que se emplea para la captura de la nécora y del camarón. Su forma es muy similar a la de la anguila, pero con un diámetro de embudo mayor. En sus inicios se fabricaban de mimbre, pero poco a poco fueron sustituidas por nasas de madera o hierro revestidas de red.

Un cambio determinante en esta nasa fue el porta cebos. Debido a la inteligencia del pulpo, esta nasa no servía para su captura, porque era capaz de coger el cebo y huir. La solución adoptada por los pescadores gallegos fue la introducción del cebo en pequeñas bolsas de malla tupida.

La gran ventaja de este arte sobre otros es que permite cierto control sobre las especies y tamaños de captura. La entrada, en forma de embudo, regula el tamaño máximo de la presa que entra, mientras que la malla de revestimiento regula la talla mínima retenida.

A lo largo de la historia las nasas han demostrado ser un arte menos perjudicial que otras, debido a su moderado poder de pesca y por capturar vivas a sus presas. De ahí, el reclamo de muchas asociaciones a que se vuelvan a utilizar estas artes más selectivas y menos perjudiciales para el medio marino.

Las nasas son consideradas artes pasivas y tienen forma de cesto, barril o jaula y están compuestas por un armazón rígido o semirrígido recubierto de red. Suelen tener una o más aberturas en cada extremo, para facilitar la entrada de las especies al interior, atraídas por el cebo.

Estos instrumentos se calan en el fondo con una boya, normalmente unidas a una línea principal en diferentes intervalos, formando un palangre de nasas o andana.

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